Hace muchos años, Oscar me dijo en una de nuestras multitudinarias cenas, en nuestra casa de erasmus, que él sería el último en cerrar la puerta de Villa Hilaria, nuestra casa, yo le miré fijamente y con una sonrisa en los labios dije:
-No, seré yo.
Él me sonrió, y asintió porque en el fondo sabía que sería así.

Casí 9 años después voy a cerrar la puerta, no es la misma puerta, aquella puerta maciza y vieja de color granate la cerré yo en último lugar, como estaba previsto. Ahora la puerta es otra. Es la puerta de mi casa, mi 1ª casa, que está llena de recuerdos, de vivencias de sonrisas y de lágrimas. Falta una semana para que cierre esa puerta, y sé que la sensación será terriblemente amarga, pero la tendré que cerrar. La vida a veces tiene esas cosas. Momentos tristes y otros menos tristes. Puede que lo mejor esté aún por llegar, aunque también puede que los momentos vividos en esta ciudad, que ya es un poco mi ciudad, no puedan volver a repetirse ni siquiera de forma parecida. Una parte muy grande de mi se queda aqui, no sé si la podré recuperar y tampoco sé si seré la misma sin ella, pero se queda aquí y no hay nada que pueda impedir esto.